Este es un blog destinado a recopilar notas y artículos referidos al Nacionalismo Asturiano, su pasado, su presente y su futuro. Asturies como País. Asturies como nacionalidad histórica.
En Asturies se está librando una sonora pero no del todo bien comprendida Lucha por la Cultura. ¿Qué deberíamos entender por “cultura” en Asturies? Notad que estoy planteando la pregunta de forma más amplia: no he hablado de “cultura asturiana”.
La lucha por la cultura es una lucha entre distintas concepciones del mundo y entre visiones de Asturies: como provincia, país, región, nación. También es, desde luego, una lucha entre partidos, entre grupos de presión, etc. Pero en esta lucha se trata ahora de decidir qué es Asturies.
El caso de Pepe´l Ferreiro, del Niemeyer, del Arte Asturiano prerrománico, de la Laboral, de la RTPA, de La Carisa…Como asturiano, creí ver en todos estos pleitos una manifestación más del proceso de colonización que sufre este país. En la era vergonzosa de la “Izquierda Plural”, resultaba sencillo alinear la fobia anti-asturiana y el españolismo explícito de la FSA con todos los atropellos cometidos en un área de la gestión política y económica que no es, en modo alguno, baladí. El área de Cultura, En un país tan rico en patrimonio “diferencial” como es Asturies, donde un vasco “soberanista” habría hecho filigranas con vistas a su “derecho a decidir” si tuviera tanta riqueza a su favor, es aquí un área fundamental. Aquel Régimen PSOE-IU-Bloque pal Engañu -que no se ha ido del todo y amenaza con volver- tenía mucha labor infame a realizar, pues su propia justificación como sucursales y como jacobinos hispanos les iba en ello. Si a esto le sumamos el papel de monaguillos que, según feliz expresión de un amigo bloguero, les corresponde a la “izquierda del bable y gaita” y a una inexistente opisición de peperos, ya tenemos el cuadro completo de una dominación cultural, de un colonialismo interno.
Pero todo este hilo seguido por mi durante muchos años ha dejado de parecerme tan convincente a la luz de los recientes acontecimientos políticos en Asturies: la más que evidente existencia de un “Pacto del Duernu”, la solidaridad del Tripartito PPSOEIU demostrada en cada ocasión en que los pesebres y duernos peligraban, la nueva coyuntura de un nuevo gobierno que demuestra intenciones de retirar esos duernos, mandar a los chupones a su casa y establecer otra idea de cultura… todo eso me lleva a pensar que hay que revisar viejos esquemas interpretativos, sin renunciar a los viejos, y sondear síntomas que aparecen al que los quiera ver. Ese colonialismo cultural existe, pero lo que se avecina ahora es ni más ni menos que el fin del autonomismo. Y en esto hay tela abundante para cortar. La crisis económica mundial y la “decadencia de occidente” se juntan con el fin del “café para todos”. Se acaba el Estado de las Autonomías y se vislumbra con el PP un centralismo asimétrico, con trato de favor a vascos y catalanes. Foro, de seguir existiendo como partido asturiano, sí, asturiano, ha de ser bandera del autonomismo.
El verdadero autonomismo que supere el Café para Todos. El café para todos que no gusta ni en Madrid, ni en Vitoria, ni en Barcelona. El café para todos que dilapidaron Ibarra, Chaves, Tini o Bono…
Para la “izquierda del bable y la gaita”, Cascos es presentado como el hombre de la tijera, el “excollaciu” de Aznar, el peligroso elemento de la extrema derecha que, de manera oportunista, ha logrado su feudo en Asturies por motivos de orgullo herido, de rifirrafes de familia con los peperos. El discurso de investidura de Cascos, sin embargo, pilló a muchos de los perroflautas de la asturina con el pie cambiado pues el regionalismo de Cascos –bien fundado en antecedentes históricos y abierto incluso al papel de la izquierda asturiana de la preguerra- daba ciento y raya en mensaje identitario a toda esa izquierda altermundista del bable y la gaita, esa que se avergüenza las más de las veces de los símbolos más nítidos de nuestra personalidad colectiva (Covadonga, Cruz de la Victoria, Pelayo, Junta General…) y que no puede dejar de ser un calco asturianizado de la IU de siempre.
Para la derecha, no menos jacobina, que se anida en el PP asturiano, la derecha anticasquista y muy inspirada por el amor patrio a España, hay en el nuevo gobierno un toque nacionalista peligroso para unos, oportunista para otros, pero que les deja perplejos; y en sus foros y comentarios se percibe un deseo más que evidente : que la criatura llamada FAC, en realidad un niño todavía en su corta andadura, se malogre cuanto antes o se disuelva en la casa común de la derecha, donde va a ser de nuevo bien tutelada. Es significativo que algunos rotativos españoles de esa derecha tradicional, antirregionalista, hayan publicado encuestas en las que FAC era agrupado junto a los partidos nacionalistas periféricos de diverso pelaje. Acudid a las hemerotecas y a los foros de La Razón, El Mundo, y otros periódicos más radicales aún.
La llegada al poder de Cascos me ha servido también para constatar, autocríticamente, la dudosa utilidad de ciertos debates nominalistas. El nominalismo consiste en conceder excesiva importancia a las palabras, como si ellas mismas pudieran conformar la cosa misma. Se cae en el nominalismo y en la discusión bizantina cuando distinguimos entre nación, región, país. El señor Cascos, con su discurso de investidura, regionalista y no solo de tinte, dio ciento y raya al nacionalismo asturiano que, hay que decirlo, o bien no existía o bien se autoliquidó el pasado mayo. Esa izquierda del bable y la gaita no se entera de la fiesta y sueña con Cuba, Palestina y Euskalherria. Pero sueña. Sueña porque está muerta y en todo caso quedó muy por debajo del FAC en cuanto a discurso identitario.
Por su parte, el asturianismo moderado que, en otro tiempo, tuvo representación con Xuan Xosé Sánchez, también sueña. De Morfeo a Tánatos, hay poca diferencia. Están muertos. Y más si tomamos en cuenta que no se conocen diferencias ideológicas entre la Unión Asturianista y muchos sectores del FAC. Solamente la manía de crear o mantener partiditos unipersonales y unifamiliares explica esta marginalidad y autoexclusión. Son cómplices de la más que posible apisonadora del Tripartito. Son cómplices de que el Régimen, la cosa nostra, se restaure. Pero en fin, son cómplices pequeños.
De lo que se trata ahora no es de discutir si Asturies es región, país, nación, provincia, principado, comunidad histórica… Lo que de verdad otorga su sustancia al término elegido es que hay una Cultura Asturiana y una Cultura (vivida, creada) en Asturies, frente a los espectáculos prefabricados y consumistas con que el Régimen anterior nos hundió. Yo también creo que una actriz de Hollywood aficionada a las fotos no es “artista” en el sentido eximio de la palabra: no como Beethoven, Velázquez, Goya. No quiero que me tomen el pelo llamando cultura a cualquier cosa, al espectáculo de masas, Yo también creo que la arquitectura del Reino Asturiano merece una política cultural que vaya más allá de “evitar que se caiga” (Juan Cueto dixit). Junto a la conservación está la pedagogía nacional: enseñar al mundo la aportación que nuestros mayores hicieron a la Civilización occidental, y al género humano. ¿Qué podemos esperar de un “moderno” que entiende que con los monumentos de don Ramiro se debe hacer eso y solamente eso? ¡Evitar que se caigan, dice! Esos “modernos” se ponen en evidencia en su afiliación: en el mismo lado de la barricada está el cosmopaletismo, el progresismo de la izquierda gaitobablera, los antiasturianos todos.
Se nos ha querido engañar durante muchos años. Se dijo que los “sensatos y pensantes” (los Gustavo Bueno, los Alarcos Llorach, etc.) eran exclusivamente los herederos del franquismo. ¿Y qué decir del izquierdismo y la posmodernidad? ¿No han servido tanto o más a nuestra colonización, con su aire de vanguardia, de pop y de underground, todos los que se han reído en las narices de la milenaria cultura asturiana durante décadas en nombre de una cosmópolis hortera, con olor a fritanga y pringue propio de la Semana Negra?
Yo, desde luego, estoy del otro lado de la trinchera. Soy de los que quieren “llenar el Niemeyer” con sidra y madreñes. Sí, pues ya sé que no es posible derribar ese engendro arquitectónico del que debo decir que, al menos, habrá que mirar por que no se caiga. Quizá una feria de ganado podría celebrarse en su interior.
Estoy totalmente en contra de dar dinero público y publicidad gratuita a todos esos Calatravas, Niemeyers, Moneos y demás dioses profanos que estropean el paisaje y se conchaban con los políticos para despilfarrar recursos que salen de nuestros impuestos, de nuestro sudor. Estoy en contra de que la cultura, la verdadera Cultura Asturiana (la cultura inmaterial del idioma asturiano, o del arte asturiano, o del paisaje asturiano) se venga abajo y sea objeto de tanto menosprecio.
Pero si ya es difícil poner coto a nuestros propios cipayos en casa, imaginad cuando el Estado de las Autonomías vaya, paso a paso, desmontándose. Creo que ahí van a ir los tiros desde Madrid. El resultado favorable a Rajoy el 20N, la necesidad de presentarse como los conservadores de un mínimo de servicios públicos “pese a la que está cayendo”, son circunstancias que harán que muchos de los servicios ofrecidos por las autonomías vayan recentralizándose. Se quieren adelgazar presupuestos, eliminar instituciones superfluas, devolver competencias, uniformizar criterios y pautas de actuación. Todo ello puede estar muy bien: es un clamor evitar duplicidades, quitar las Diputaciones, etc. La Casa Real o las Fundaciones como ésta de aquí, la de los premios Príncipes de Asturias, en cambio, son instituciones fundamentales, por lo que se ve, fundamentales si no para la Convivencia, al menos para la Pompa y Circunstancia. De acuerdo, hay mucho gasto superfluo, mucho diputado, mucha canonjía en los consejos de administración de entes irrelevantes.
Pero el Estado de las Autonomías, insuficiente como él es, resultó no obstante un logro. Foro Asturias tiene la responsabilidad histórica de pujar por un autonomismo y regionalismo que, desde 1978, fue siempre bastante escuálido en el país. Y en esa tarea, realmente transversal, no caben las ya estúpidas dicotomías entre izquierdas y derechas, el maniqueísmo bipolar que solo sirve como cortina de humo. Se trata de disponer de un poco de conciencia histórica acerca de cómo un Imperio Hispánico, venido a menos, se transformó en Reino que aglutinaba una diversidad considerable de entidades regionales, de antiguos reinos y pueblos bastante diferenciados entre sí en un inicio lejano, pero también hermanados, acostumbrados a vivir solidariamente en común, de grado o por fuerza. Se trata, desde la diferencia histórica, alcanzar la igualdad jurídica. El nacionalismo chovinista acaba concretándose en la Hacienda Pública.
El “café para todos” descontenta a dos sectores de España que, si bien parecen incompatibles, se complementan a las mil maravillas. Al nacionalismo español y al nacionalismo periférico-chovinista.
El sector más españolista del electorado que, ciertamente, es “interclasista” y anida desde el PCE hasta el Partido Popular, pasando por el PSOE, desean esa recentralización en gran medida. Son esos “españoles y punto” que tanto rédito han dado a Rosa Díez, rédito al menos para explotar su propio hecho diferencial: un centralismo a ultranza. A doña Rosa le puede votar desde un falangista a un guerrista o ex fan de José Bono, pasando por los núcleos más duros de la antigua Fuerza Nueva, y ahora en el PP. Interclasismo de lo más rancio: de Madrid al Cielo. Debe cuidar mucho el FAC en ser ante todo un partido asturiano y regionalista sincero, pues su condición de “pequeño” ante los que mandan o sientan reales en Madrid, le va a hacer irrelevante ante la fórmula de Rosa Díez, si desea epatar con ella, una doña Rosa con cuyo centralismo españolista pueden cortejar en un momento dado las siglas más grandes y más relevantes en votos. Cascos debería alejarse de toda posibilidad de ser visto como posible novio o calco de ese adefesio, me refiero a UPyD, no a doña Rosa.
La clave: la marca asturiana, cien por cien. Que vendamos la leche blanca del FAC como venida de nuestros propios pastos, o brañas. El FAC sin su marca asturiana está condenado a ser el novio del adefesio de la centralización española. El FAC como regionalismo asturiano puede, en cambio, liderar una rebelión de regionalismos hartos del (mal) nacionalismo: el de Madrid, el de Vitoria, el de Barcelona.
Esta línea creo que podría ser la inteligente, y la que despertaría la conciencia asturianista de tantas conciencias, que aviven el seso y despierten al ver que mueren muchos de nuestros timbres de orgullo. La línea que nos permita comprobar cómo una casta de inútiles iletrados ha ido sustituyendo la Asturies real, su cultura y su historia, por un decorado de cartón piedra. Si por cada Museo de la Nimiedad construido en cada concejo, por ejemplo, se hubiera alzado una Casa municipal de la lengua y la cultura asturiana, el nivel de partida para rescatar nuestra conciencia autonomista sería ahora muy otro. Hay que ir dando pasos en pro de una Verdadera Cultura Asturiana, y solamente entonces las metas más altas que nos pongamos, siempre encaminadas a recuperar el orgullo y poder vivir con más calidad, son cotas que se alcanzarán.
Del blog: carlosxblanco