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Este es un blog destinado a recopilar notas y artículos referidos al Nacionalismo Asturiano, su pasado, su presente y su futuro. Asturies como País. Asturies como nacionalidad histórica.

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Importancia del celtismo en Asturies.

¿Qué importancia tiene el celtismo, más allá de la curiosidad científica? No cabe duda de su importancia en el orden de las preocupaciones identitarias. El pasado celta de Asturies, compartido con el de muchas regiones de la península ibérica, es muy notable. De hecho, si nos libramos del prejuicio lingüístico que manejaron algunos extranjeros (sólo serían celtas las naciones que conservan un habla celta), en España y en Portugal hay testimonios apabullantes de la presencia celta, así como de la celtización profunda de muchos del los pueblos indígenas de los que procedemos. Estas super-vivencias van más allá de los registros arqueológicos o una cuantas huellas en la toponimia, por ejemplo. Son “vivencias” que se actualizan en un sinfín de rituales, fiestas, hábitos colectivos. El hecho de que en el País Astur (que excede, con creces el actual Principado y se extiende a lo que en la Alta Edad Media fue un Reino en el Noroeste peninsular) se conserven tantos rituales, fiestas, hábitos y fisonomías celtas no se debe explicar únicamente en términos de secular aislamiento. El aislamiento de Asturies y del N.O. de España con respecto a los territorios que, después, fueron escenario de la Historia de la Gran Política, del gran Destino, no lo explica todo. Esta es una consideración puramente negativa de un hecho: el factum de que hay una celticidad muy marcada en nuestro País. Además de ese factum, tomado en sentido positivo, hay que tomar en cuenta algo que se suele dejar inadvertido: el fuerte arraigo, una voluntad colectiva y persistente de seguir siendo como se es.

 

 

 

 

XIV-Seminariu

 Del celtismo asturiano habría que dejar aclarados muchos puntos, y ponerlos en medio de todos, tanto ante el bando de los detractores como ante la mirada de los partidarios. El primero de esos puntos es que no se puede ser detractor ni partidario. Es un hecho, un sustrato factual que está ahí, a la espera de ser más y más explorado. Dicho sustrato en modo alguno contradice la romanización profunda de muchas zonas del actual Principado. Roma nos legó el idioma y muchas instituciones. El estudio histórico de un País implica el análisis de los diversos estratos de su constitución, así como de la dialéctica y síntesis de esos sustratos. La propia romanización del Noroeste fue muy distinta de la de las regiones al sur y al levante de España: el sustrato se deja informar de unas estructuras colonizadoras de forma diferente. Aquí los romanos vinieron a fuego y espada, no como aliados. Aquí hubo unas guerras asturcántabras mucho más feroces que las guerras de las Galias y de la Germania de por aquel entonces. No se coloniza ni gobierna de la misma manera a un pueblo sometido manu militari, y con una gran distancia étnica ante él, que a un pueblo amigo, previamente sometido al influjo de las civilizaciones mediterráneas. Roma encontró aquí a verdaderos pueblos “bárbaros”, esto es, alteridades inasimilables de no ser por medio de la guerra y la esclavización.

Y hete aquí que entra en juego el principal factor identitario del celtismo, que hubiera podido desempeñar un papel político y cultural de primer orden. Pero que, al igual que sucedió con la lenua asturiana, no acabó desempeñando papel aluno. Creo que no ha sido así por causa lavado de cerebro de los “imperialistas hispanos” en una gran medida. Los asturianos, al igual que otros pueblos vecinos y étnicamente muy cercanos (Galicia, Cantabria, León), poseemos una conciencia un tanto difusa de la existencia de dos “Españas”. No ya la España “roja” y la “azul”, pues esa bipolaridad de la Guerra Civil ya va quedando muy lejos, y la divisoria puramente ideológica, amén de funesta, ya va dejando de ser operativa en el siglo XXI. Me refiero más bien a la divisoria entre la España Atlántica y la España Mediterránea. ha servido a muchos asturianos con conciencia identitaria –a la derecha o a la izquierda del espectro ideológico- para encontrar un espejo donde revisar sus propias raíces, sus entrañas, sus peculiaridades frente a un molde “imperial” y jacobino básicamente mediterráneo.

 

 

 

 

La España Imperial ya huele a cadáver. El esquema que los hispanistas de hoy en día manejan no es más que una trasposición del esquema del Imperialismo Romano. Lo que Gustavo Bueno, padre e hijo, éste con sus acólitos y pseudónimos, hacen en las últimas décadas no es sino reivindicar ideas sumamente gastadas y desacreditadas, las ideas de un Imperialismo que yo denomino absorbente, cuyo paradigma es Roma y que la España de los Austrias apenas trató de emular. La propia Falange, y los regeneracionistas que precedieron a este movimiento radical, se formaron una idea absolutamente distorsionada del Imperio Hispano, una idea jacobina, que no casa en absoluto con el cariz aglutinante de la Corona de los Habsburgo españoles, más afín al Imperialismo también aglutinante de sus parientes austriacos. Llamo Imperio aglutinante al que centraliza en la cúspide –en una Corona y en la misma idea espiritual de una –Comunidad de Destino- a una heterogeneidad de territorios, fueros, principados, ciudades, reinos. El Imperio a la manera del Sacro Imperio Romano Germánico, así como del Austro-Húngaro, pero sobre todo aquel, era más bien una Idea: la Idea de una efectiva federación de iguales en lo diverso. La extrema derecha española, tanto como la extrema izquierda española, se han dado la mano en este punto. El punto de pretender imponernos a todos una visión uniforme, unitarista, homogénea, jacobina. Unos, revitalizando la Idea de un Imperio Hispánico que no fue, de ninguna de las maneras, un trasunto del Imperio Romano en plena Modernidad. No lo fue porque la Corona de los Austrias españoles todavía seguía plenamente imbuida en el derecho y en la filosofía política germánica. Una Unión por arriba, por la Corona y por las grandes casas de la nobleza, una unión de la diversidad. Gustavo Bueno y sus familiares (en los diversos sentidos de la palabra “familiares”) nos quiere confundir a todos , haciendo del Imperio Español (siglos XVI-XVII) un Imperio absorbente, cuando era, en realidad, un Imperio aglutinante, aunque ciertamente la hegemonía castellana fue excesiva y hasta perjudicial para esa misma nacionalidad.

 

x Carlos X. Blanco

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