“[…] las iniciativas políticas regionalistas que habían
emergido en Asturias durante la Guerra Mundial se extinguieron
poco después del Centenario. En 1920 los estudiosos del regionalismo
crearon el Centro de Estudios Asturianos para apoyar la cultura y
la lengua asturiana, pero el Centro careció de identidad política y de
un auténtico programa de acción regionalista. Mientras tanto, las elites
financieras, industriales e intelectuales que habían buscado movilizar
el mito de Covadonga en nombre de su campaña regeneracionista
por un progreso económico y social, eligieron el «carbón» como
nuevo símbolo de identidad regional. En vez de reivindicar autonomía
política para la región, hicieron campaña por una mayor protección
estatal a la industria minera que entró en un periodo de honda
crisis al final de la guerra. Al conseguir una respuesta positiva de
Madrid (restauración de los aranceles proteccionistas y desgravaciones
fiscales para la industria en 1921-1922), este sector reforzó su
dependencia del estado central, e hizo de la autonomía regional una
opción política poco atractiva. A pesar de la oportunidad que se presentó
con la aprobación de la Constitución republicana de 1931, el
Estatuto de autonomía para Asturias nunca superó la etapa de planificación
74. Durante este periodo Covadonga llegó a estar firmemente
identificada con el españolismo de la derecha autoritaria y nacionalista,
sirviendo como lugar simbólico para multitudinarios mítines de la
CEDA y la Comunión Tradicionalista, que en el santuario protestaban
contra la secularización y la política anticlerical del Gobierno
republicano.
El caso del regionalismo asturiano ofrece un buen ejemplo de
movimiento de base territorial cuyas posibilidades políticas estuvieron
limitadas por los conflictos internos entre las elites locales, divididas
por intereses económicos y políticos, compromisos ideológicos y
conexiones con el Estado español. Mientras que los carlistas por la
derecha y los republicanos por la izquierda querían dotar de mayor
autonomía a la región y a sus pueblos; el poder de la clase política
asturiana y la burguesía industrial dependía de la oligarquía dirigente.
Aun así, el centenario de la batalla de Covadonga en 1918 propor-
cionó a estos dispares grupos una oportunidad para presentar un
frente unido en busca de un mayor reconocimiento para la región
dentro de la nación. Y es que los múltiples significados de Covadonga
la hicieron apta para construir una «comunidad imaginada» en la
que los valores e intereses en competencia podrían ser incorporados
o solapados. Por otro lado, su lugar central en las mitologías nacional
y regional facilitó la articulación de demandas regionales dentro de
un discurso de identidad nacional. Como lugar sagrado enmarcado
en un espectacular paisaje, Covadonga proporcionó un signo visible
de la identidad territorial de la región. Además, como era el lugar
donde empezó la lucha contra los musulmanes por recuperar el territorio
nacional, Asturias parecía pertenecer intrínsecamente a la
nación española. En otras palabras, Covadonga encajaba perfectamente
en el lenguaje del «patriotismo dual», resultado a su vez de las
profundas conexiones históricas, económicas y políticas entre Asturias
y el Estado español.
A pesar de estas ventajas no pudo llegar a convertirse en un símbolo
de unidad, y finalmente el «covadonguismo» vino a referirse al
españolismo reaccionario que excluía las lecturas liberales y demócratas
de la identidad regional y nacional. Desde la década de 1870,
con la ayuda del Partido Conservador, el mito de Covadonga fue
monopolizado cada vez más por aquellos que estaban decididos a
definirlo exclusivamente como un santuario a la monarquía, la unidad
nacional y el integrismo religioso. En sus manos este símbolo polisémico
fue despojado de su complejidad y convertido en un arma de
conflicto partidista entre las elites asturianas, contribuyendo a la
«nacionalización» de los debates locales sobre la identidad. Al quedar
reducido a un simple símbolo de la «verdadera España» en la retórica
nacionalcatólica, Covadonga cesó de estar disponible como poderoso
referente de unidad cultural para la región o la nación. En lugar
de promover la comunidad, los conflictos sobre el significado del
mito intensificarían aún más las divisiones sociales e ideológicas,
haciendo problemática la creación de una identidad de base territorial
que fuese capaz de trascenderlos.” [pps. 178-178]
Tomado de : Covadonga y el regionalismo
asturiano
Carolyn P. Boyd
University of California, Irvine
Ayer 64/2006 (4): 149-178 ISSN: 1134-2277
Resumen: Este artículo aborda la política cultural del regionalismo y del
nacionalismo en España a través del disputado significado otorgado al
mito de Covadonga, conocido tradicionalmente como el «lugar de nacimiento
de la Reconquista». Como mito de gran significación histórica
tanto para la región asturiana como para la nación española, Covadonga
también es un mito fundamental que creó identidad colectiva y que ejemplificó
el patriotismo dual de los regionalistas asturianos. Sin embargo,
entre los tradicionalistas católicos y los reformistas europeizantes surgió
una disputa acerca de las diferentes interpretaciones de la identidad y la
historia regional y nacional. La conmemoración oficial del 1200 aniversario
de la «batalla» de Covadonga en 1918 marcó el triunfo de la interpretación
nacional-católica del mito, que a partir de entonces se transformó
en un símbolo de identidad regional partidista, antes que en un símbolo
compartido.
Disponible en:
http://www.ahistcon.org/docs/ayer/ayer64/64-7.pdf