Asturies, ¿Paraiso Político?
x Daniel Ripa
Artículo elaborado en Febrero de 2011 [inédito hasta la fecha, mi primer artículo sobre política asturiana].
Francisco Alvarez-Cascos, ha abandonado, tras 34 años el Partido Popular tras haber sido su antiguo Presidente en Asturias y Secretario General estatal. En su comunicado, se ha ofrecido a liderar la “marea social”, promoviendo un proyecto liberal para este “país” (Asturias), de corte regionalista e independiente. Lo que podría ser un hecho habitual de las tensiones internas por el poder y el liderazgo en este partido, o una respuesta al cómodo equilibiro de poder entre el PSOE de Asturias y el PP de Oviedo, resulta que recuerda a viejas y conocidas historias.
Y es que, cuando varios brillantes militantes de la izquierda asturiana intentaban explicarme la historia reciente del nacionalismo asturianu, solían necesitar una buena dosis de tiempo, paciencia y un par de cuartillas con siglas, diagramas y flechas de conjunción y desunión. Sólo en la última década, Izquierda Asturiana, el Bloque de la Izquierda Asturiana, Andecha, Andecha Astur, Unidá, Bloque por Asturies, URAS, el Partiú Asturianista o Unión Asturianista se han creado, unido, escindido, re-agrupado es una espiral quasi-esquizofrénica. El Partiú Asturianista rompió la primera gran coalición asturianista en la misma noche electoral en la que obtuvo representación en la Xunta Xeneral. De entre los que dejó fuera, Izquierda Asturiana (IAS) y el INA (Izquierda Nacionaliega d’Asturies) –una escisión a su vez de Andecha Astur- se unieron con el PCPE en el Bloque de la Izquierda Asturiana, que se presentó en 1999 a sus elecciones nacionales. Tras fracasar devinieron en tres proyectos políticos diferenciados, de los cuales IAS terminó conformando Unidá con Andecha Astur, quien a su vez fue partida por la mitad por sus antiguos dirigentes. INA, junto a sectores independientes, terminó convirtiéndose en el Bloque por Asturies, que tras una coalición con Izquierda Xunida y Los Verdes, envió recientemente su diputado al grupo mixto por desavenencias con el pacto de gobierno PSOE-IU. El Partiú Asturianista, tras continuos descensos en elecciones a las que acudía en solitario, se coaligó con la Unión Regionista Asturiana (URAS) para conformar Unión Asturianista. El URAS, a su vez, había sido creada en 1998 por una escisión del PP del antiguo Presidente del Principado, Sergio Marqués. Escisión que no fue la única en el PP, ya que, recientemente, su candidato derrotado a Presidente regional, Juan Morales, junto a agrupaciones electorales y partidos locales en Avilés o Siero, fundó IDEAS –Independendientes de Asturias-. Izquierda Xunida no fue tan “xunida” y ha tenido dos escisiones en los últimos 5 años. Una, forzada por su Dirección, defendió el republicanismo y federalismo apoyados por la órbita del Partido Comunista de Asturias. Tras puñetazos, desalojos y juicios, su nuevo partido –Asamblea de Ciudadanos por la Izquierda (ASCIZ)- obtuvo el único concejal de la izquierda en Oviedo. La otra, dirigida por Francisco Valledor, antiguo Consejero de Xusticia del Principaú, aún sin conformar, reclama una izquierda asturiana con sensibilidad nacional. El PSOE asturiano, cierto es, ha estado relativamente unido durante estos años, influido por la estabilidad que otorga el poder a quien ha gobernado durante todas las legislaturas menos una en Asturias y en su Ayuntamiento con mayor población.
Si bien, como sugeríamos, podrían entenderse estas escisiones como discrepancias en el reparto de poder, a nivel juvenil, la cosa no mejora. Las juventudes de Izquierda Asturiana y Unidá (MIAS) dejaron este partido, disconformes con el proceso de confluencia con Andecha, creando FAI! El Partido Comunista de Asturias, perdió a sus juventudes (las JCA), que están en proceso de fusión con las juventudes del PCPE (organización fortalecida en Asturias tras recoger diversas escisiones y personas originarias de Izquierda Xunida, como en Candás). Sin embargo, al PCA aún le quedan otras juventudes (UJCE), también en conflicto con los jóvenes de IU. Los jóvenes del entorno del PP, por su parte, se dividieron entre su base democristiana y liberal en la Universidad de Oviedo (antes de que se volvieran a dividir entre casquistas y oficialistas), así como los jóvenes del PSOE y Juventudes Socialistas (Aula Joven y Unión de Estudiantes). En Consejos de Estudiantes o de la Juventud todo este nido de siglas y organizaciones, conjuntamente con los grupos independientes cercanos a la izquierda (que han dirigido Consejos de la Juventud y que son segunda fuerza en la Universidad), votan indistintamente a un lado u otro.
Tras casi 700 palabras solamente para intentar explicar las uniones y desuniones en Asturies, cualquier observador medio cuerdo, se preguntara sin duda: ¿pero estos asturianos están locos?
Es cierto, intentar resumir este comportamiento político bajo la locura nos dará una respuesta sencilla, aunque nos impedirá entender la raíz de los problemas. Y es que la opinión que aquí se defenderá es que hay una causa socio-política que está en la base de estos problemas: el sistema de partidos políticos asturianos –y lo que representan- no se corresponde con la realidad sociológica asturiana.
Expliquémoslo. Asturies es una pequeña nación, de poco más de un millón de habitantes, situada en noroeste de la Península Ibérica. Sin embargo, su industrialización temprana (minería, astilleros, siderurgia) atrajo una alta inmigración interna durante los siglos XIX y XX. Así, se conformó una sociedad obrera con una alta densidad de población en lo que se denomina Asturias Central, un núcleo que, en menos de 50 kms conecta Gijón (278.000 habitantes), Oviedo (224.000), Avilés (84.000), Siero (50.000), Langreo (46.000) y Mieres (44.000), junto a otra decena de comarcas entre 5000 y 15000 habitantes, y donde vive el 80% de la población del país. En ese entorno, se desarrollaron sindicatos y cultura política o tuvieron lugar revoluciones (Octubre de 1934).
Asimismo, se han ido poniendo en marcha medios de comunicación propios (actualmente, 4 periódicos de prensa escrita nacional y una edición local de Diagonal) que apoyaban este proceso. Ello permitió que Asturies conservara una alta identidad cultural diferenciada con el resto del Estado (lengua, música tradicional…), reconocida como tal por la mayoría de su población.
Obviamente, la mezcla de alta densidad demográfica e industrialización, junto a identidad diferenciada, ha creado movimientos sociales y políticos en otros territorios como el País Vasco o Barcelona, apoyados por un sistema de medios de comunicación propio, que han generado corrientes de opinión pública específicas y diferenciadas con el resto del Estado. Esto ha facilitado el desarrollo de un alto número de opciones políticas en sus Parlamentos (6+1 partidos en Euskadi, 7 en Catalunya)
En Asturies ha sucedido un proceso similar. Al haber tantos núcleos de población y tan cercanos, unidos a una estructura de clase obrera que creaba sindicatos y concienciación política –pero también círculos culturales y de debate-, la comunicación y el desarrollo de iniciativas políticas han sido habituales. Más allá, la división en pequeños grandes núcleos urbanos generaba tensiones de poder en función de quién era fuerte –dentro de partidos e ideologías- en cada territorio. Los medios de comunicación daban cobertura a estos procesos. Esto permitía generar movimientos sociales y políticos (también a nivel juvenil, dado el alto paro juvenil y, por consiguiente, el creciente número de jóvenes que se mantenían estudiando dentro y fuera de la Universidad) que han inundado este país en las últimas décadas. Ellos han sido el correlato social de las tensiones dentro de los partidos políticos.
No obstante, lo llamativo en Asturies no ha sido la existencia de este previsible caldo de cultivo, sino la falta de solución estructural de los problemas que la cultura socio-política causaba. La alta densidad demográfica en la Asturias central ha permitido que las personas vuelvan a coincidir una y otra vez a lo largo del tiempo. Así, se han facilitado los ajustes de cuentas, los rencores históricos y el fracaso de nuevos proyectos por motivos personales más que políticos. En cualquier caso, esto no sería problema si el sistema político hubiera podido estabilizarse. Y esto no se ha producido por un segundo motivo que es mucho más estructural y relevante: Asturias no ha conseguido desarrollar un sistema de partidos político propio, con la sensibilidad nacional o regional –asturiana- que tiene ese país y con el dinamismo socio-político que requieren sus movimientos sociales.
Los sistemas políticos aumentan su estabilidad cuando no existen espacios sociológicos o políticos “vacíos” o “no llenados” por ninguna organización electoralista. Solidaritat Catalana per la Independència o Ciutadans per Catalunya aparecieron por la existencia de un espacio vacío en la política catalana (un independentismo transversal en ideología pero inmediato y populista en sus exigencias, en la línea de movimientos sociopolíticos que llevaban dos décadas creando ese caldo de cultivo; o una política hecha por y para la base castellano-parlante de ese territorio). La llegada de Aralar (izquierda nacionalista vasca que rechazaría la violencia) representaba un nuevo “hueco” político que Eusko Alkartasuna no podía llenar (en tanto asumir los postulados de la izquierda implicaba alejarse del PNV). Pero después de eso, el espacio político vasco comenzó a estabilizarse, con la llegada marginal de UPyD, y a comprimirse nuevamente. Ha habido escisiones y nuevos partidos, pero han terminado rotando en la órbita de Aralar (Nafarroa Bai), PNV, o la izquierda abertzale. La falta de un mayor número de partidos políticos en los Parlamentos de las dos Castillas revela en último término la inexistencia de espacios políticos no-cubiertos sociológicamente. Cierto es que los medios de comunicación afianzan ese bipartidismo castellano, pero también que por cuestiones históricas, sociológicas o demográficas, no está existiendo actualmente presión social que ampare la aparición de nuevos partidos.
Otro ejemplo de estabilidad lo muestra el mapa político aragonés, que ha desarrollado espectros políticos diferenciados que prescriben qué ideas políticas pueden defenderse y proscriben la aparición de nuevas opciones. Así, se complementan las opciones de izquierda aragonesa (CHA), izquierda española (IU), socialiberalismo (PSOE), derecha aragonesa (PAR) y derecha española (PP), dando respuesta a sensibilidades diferenciadas y limitando a su vez el surgimiento de nuevos espacios políticos.
Parece claro que lo anterior no sucede en Asturias. Debido a las segundas vueltas y ajustes de cuentas, los proyectos para desarrollar una derecha asturiana (Partido Asturianista-URAS) o una izquierda nacional (Unidá, IAS, Bloque por Asturies…) han fracasado hasta la fecha.
Más allá, la inexistencia de estos partidos específicos de Asturias no permite dar una respuesta al problema centro-periferia al que el Estado español ha sido tradicionalmente proclive, en lo que Letamendía calificó como un juego de espejos por ambas partes. Asturies es el único territorio del Norte (Galiza, Asturies, Cantabria, León, Euskadi, Nafarroa, Aragón, Catalunya) y la única de las CCAA periféricas –junto a Murcia-, sin un partido de carácter regional en su Parlamento, a pesar de tener una identidad cultural-nacional comparable a la mayoría de los anteriores, y de sufrir problemas centro-periferia similares.
Si la entrada de Cascos y Valledor a la escena política servirá para generar esas derechas e izquierdas “nacionales-regionales”, el tiempo lo dirá. Sin embargo, es probable que mientras Asturies no sea capaz de generar un sistema de partidos políticos comparable a su nivel de desarrollo socio-político, más democráticos y abiertos conforme al nivel de debate que existe en esta sociedad, y que de respuesta a sus problemas centro-periferia, el nido de siglas, las escisiones constantes y la inestabilidad de la política asturiana van a repetirse una y otra vez. Asturies deberá de decidir si el intangible que supone su paraiso político a nivel social, del terreno de las ideas y del debate, tiene correspondencia electoral y si esta espiral de conflictos continuos es mantenida en el tiempo.
Fonte: Blog Consensuando Mayorías