Este es un blog destinado a recopilar notas y artículos referidos al Nacionalismo Asturiano, su pasado, su presente y su futuro. Asturies como País. Asturies como nacionalidad histórica.
x Antonio Ríos.
Estas son mis impresiones más recientes sobre "España invertebrada de José Ortega y Gasset":
Pocas obras como esta. En ella encontrará un lector “neutro” (imaginémoslo) en una misma página -a veces en un mismo renglón- brutalidades y maravillas. Uno anotará al margen de una página: “cierto”, “grande” y en el reverso: “ciego”, y hasta “bestia”. Sé que esta obra se ofrece para ser estirada por la izquierda o por la derecha, (o para quien lo prefiera en términos menos ideologizados: esta obra foomentará fuerzas centrífugas o centrípetas). Pero esta obra no es ambigüa en un aspecto: pocas obras tan anhelantemente “integradoras”. El término no lo acuño al modo de la basura administrativo-burocrática actual, sino el de un español que en 1922 percibe que España se va a pique no sólo por los nacionalismos separatistas, sino también por los compartimentos estancos que en España son cada clase social, cada estamento, cada gremio.
Que los nacionalistas separatistas hayan abominado de esta obra no deja de ser cómico y deja ver cuántos ineptos existen en los nacionalismos separatistas; en cambio, cuando algunos separatistas sí que alaban esta obra, entonces nos damos cuenta de que un nacionalismo separatista de otra raíz, menos egoísta y particularista, menos capitalista, y al que habrá que oir, parece estar naciendo -o renaciendo- en España y no precisamente en Cataluña ni en el Pais Vasco.
Ortega no se cansa de decir en esta obra que una unión nacional tiene sentido si existe un proyecto serio e ilusionador de cohesión social en el que participemos todos -o el mayor número posible-. Pero un Estado moderno -no sólo España- ¿qué tiene que ofrecer de ilusionante? Progreso, riqueza, atontamiento educativo por la “derecha” o la “izquierda” y marcas “España” o “Alemania” que se resumen en una misma marca-monopolio: capitalismo. Si los proyectos ya sólo se reducen a eso, si no hay ni existen expectativas de otros proyectos que fueron en su día ilusionantes como del estilo “ley romana”, “libertad napoleónica”, “imperio católico” o “sociedad sin clases”, entonces no es disparatado mirar al terruño, a la montaña, a la región, porque a lo mejor desde ella se ofrecen cambios más atractivos e ilusionantes que los antes enumerados. Entonces el grito: “fuera de España” no heriría tanto, porque lo que ese grito esconde es: “fuera de Europa” y una pequeña dosis de “fuera del mundo” que siempre es indispensable en toda misión (proyecto) nacional o social, y sobre todo “fuera de este mismo proyecto carente de atractivo: riqueza, progreso, inversión, marcas”. Si el nacionalismo catalán es tan insoportable lo es porque quiere separase de una mujer fea y tonta para casarse con otra aún más fea y más tonta: Europa. Si como muchos catalanes creen, ellos son “más europeos que españoles”, entonces tenemos con ello la muestra de la putrefacción esencial del catalanismo. ¡Pero si España es lamentablemente Europa, sólo que dormida! Pese a lo dicho en favor de otros nacionalismos -y no del catalán-, no olvidemos que Ortega en 1922 y aún después, cree en el restablecimiento de un proyecto nacional más amplio, de un proyecto de España.
Hay un aura mágica en esta obra, es excelente su crítica a la sociedad-moral industrial, que se hará mucho más honda años después en La rebelión de las masas. Insólita defensa de la fuerza contra la razón, pues aquella puede ser más espiritual que esta. Por fin oímos en España y por una persona seria que la razón y lo espiritual no deben ir siempre de la mano, sino que más bien son contrarios. Peligrosísimo que a algún exaltado le de sólo por leer fragmentos de esta obra. Casi un siglo después, esta obra es de obligada lectura en toda España.