Esto escribía el entonces corresponsal de El País, José Manuel Vaquero, a propósito de la gran manifestación histórica de Avilés, cuando asturianos y avilesinos pretendían conservar su industria, ante el terrible zarpazo de la reconversión que dejaba la ciudad a la deriva, sin el conglomerado industrial que había impulsado su desarrollo y crecimiento urbanístico, demográfico y económico.
JOSE MANUEL VAQUERO, Avilés – 04/04/1982
Quince mil asturianos, según los sindicatos, y doce mil, según fuentes próximas a la policía municipal, participaron en la tarde de ayer en una manifestación celebrada en Avilés, en defensa de Ensidesa, convocada por CC OO y UGT dentro de la campaña puesta en marcha hace varias semanas para exigir la instalación en la factoría avilesina de una nueva acería con coladas continuas y de un tren de bandas en caliente.La campaña fue desencadenada unilateralmente por CC OO y, más tarde, se sumó a ella la UGT. Estos dos sindicatos convocaron, también, una huelga general en Asturias para el próximo 16. En la manifestación de ayer estuvieron presentes varios parlamentarios socialistas y el comunista Horacio Fernández Inguanzo. Pese a ello, en algunos sectores del PSOE se interpreta la citada campana como una “maniobra electoralista” de CC OO de cara a las próximas elecciones sindicales de Ensidesa. La manifestación de ayer, a la que se sumó la Asociación de Cuadros de Ensidesa, discurrió entre el parque de las Meanas hasta la plaza de España, ante el ayuntamiento. El alcalde, Manuel Ponga, del PSOE, pronuncio un discurso en el que exigió de la Administración un pronunciamiento inmediato sobre el destino de las grandes inversiones del sector siderúrgico integral. También intervinieron los secretarios regionales de los dos sindicatos convocantes.
Enlace a la hemeroteca de El País:
15.000 personas se manifiestan en Avilés en defensa de Ensidesa
Treinta años después, la desindustrialización de Asturias está a punto de culminarse, con Arcelor reducido a la mínima expresión, amenazando un día sí y otro también con su definitiva retirada, y el cierre de las últimas instalaciones. Nada se ha creado para sustituir a Arcelor, pero tampoco para sustituir la minería, la pesca desguazada, la construcción naval desmantelada, el campo abandonado y la leche convertida ya en imagen mítica de la Asturias del pasado. No se puede hablar de una nueva actividad que sustituya el motor económico perdido. Casi todo lo que no son negocios residuales, son clases pasivas, en la región más subsidiada de Europa.
Avilés, como casi toda Asturias, vive de las últimas rentas provenientes de los fondos destinados a paliar los efectos de la reconversión, jubilaciones y prejubilaciones, que tiemblan ante la mera invocación de la enorme crisis de deuda pública que nos acecha. Grandes engaños han ido sustituyendo a las viejas industrias y actividades económicas reales, y las protestas se acallaron con la seducción de los cantos políticos de sirena. Areces fue capaz de destrozar Asturias económica y moralmente, pues no sólo dejó la comunidad sumida en una enorme burbuja presupuestaria, sino que encima engañó y engaña a mucha gente todavía, que cree en el efecto lenitivo de sus inventos del TBO.
Grandes polígonos industrales, vacíos y endeudados, sin accesos construidos ni fondos para construirlos, cubren el centro de la comunidad, con supuestas inversiones apuntadas en panfletos y periódicos que no existen en los presupuestos, llenando de pájaros las cabezas más inocentes y crédulas. Las baterías de cok avilesinas, uno de los pocos restos de la gran siderurgia, colisionan con un blanco edificio que el tahur Areces construyó en la ría de Avilés, en el que no se puede interpretar teatro ni música clásica, ni ópera, y que ni siquiera cuenta con una buena sala de exposiciones, pero que según sus promotores -lo crearon como el mascarón de proa de una “gran operación inmobiliaria”- es la alternativa a la reconversión industrial: ¡Dios mío qué locura!
No es de extrañar que en tales circunstancias se produzca esta otra imagen: unos pocos cientos de ciudadanos con velas, protagonizan la información social en Avilés. Estos ciudadanos vienen siendo utilizados por quienes exigen que un grupo de particulares reciban la entrega de unos bienes públicos, para hacer con ellos lo que les dé la gana, sin control del Gobierno elegido por los ciudadanos, mediante un proceso de privatización ilegal. Los defensores de tan loco proceso, se autodenominan “socialistas”. Como telón de fondo de tan singular operación, una gran operación inmobiliaria, un plan especial, en el que el edificio en litigio cuenta con importantes derechos urbanísticos.
La ofensiva privatizadora, con la que se pretende amparar que los gestores del edificio gasten como quieran el dinero público, y no estén obligados a justificarlo, se refuerza con manifestaciones de sus partidarios. La última con velitas. Sólo les faltó cantar una misa de réquiem. Las crónicas periodísticas del sucedido recuerdan episodios bíblicos y frases del Nuevo Testamente sobre la “luz” y la “oscuridad”. Pánicos milenarios ante la catarsis que se avecina tras más de un decenio de locura inmobiliaria.
Los participantes en este aquelarre parecen esperar que de ese edificio salga algún tipo de milagro, como el de la multiplicación de los panes y los peces, que dé de comer a los ciudadanos, a medida que los meses vayan pasando, y la desindustrializada villa se enfrente a la cruda realidad de la vida a la que tiene que enfrentarse toda Europa, a la que tenemos que enfrentarnos todos: ¿de qué vamos a vivir en los próximos tiempos si nos hemos quedado sin industria? ¿De qué va a vivir Avilés? Del enorme engaño de quienes pretendieron sustituir chimeneas por negocios inmobiliarios no, desde luego.
“Del Niemeyer, los alimentos van a salir del Niemeyer”, como si del cuerno de la abundancia se tratase, deben pensar algunos. ¡Madre mía! Del Niemeyer sólo viven los que no han sido capaces de justificar las facturas, y montan ahora todo este jaleo porque no están dispuestos a hacerlo, y pretenden seguir facturando, haciendo lo que les da la gana a ellos con el dinero público, tras quedarse con los derechos de suelo del edificio en la operación inmobiliaria de marras. Eso es todo. Ésa es la batalla en la que están. Así de simple, y así de incomprensible.
Los daños colaterales del arecismo, su truhanería y desvergüenza intelectual, van a ser enormes, por su asombrosa mella en la credibilidad popular de una parte llamativa de una ciudadanía desesperada por tantos años de reconversión, a la que la burbuja inmobiliaria ha condenado a tener lo que ya parece una visión mística de la realidad, de puro desesperado. Resulta indudable que Areces ha conseguido convencer a un amplio número de partidarios e incautos de todo tipo de las fabulosas virtudes de la nada plastificada. Cuando aterricen en la realidad, se van a poner muy violentos, y resultará comprensible: no se puede engañar a la gente de esta manera sin terribles consecuencias. Lo malo es que se está perdiendo un tiempo precioso.
A Mussolini lo colgaron de los pies.