DOSSIER DE PRENSA SOBRE EL AUGE DEL REGIONALISMO ASTURIANO
El reflujo del asturianismo político La ola regionalista que se formó en los noventa parece estar retirándose en la última década
El reflujo del asturianismo político
ÓSCAR R. BUZNEGO La conciencia política de los asturianos en relación a lo que es Asturias para ellos y cuál debiera ser la distribución territorial del poder del Estado en España se ha desarrollado de forma irregular y oscilante. La mayoría de los asturianos ha considerado siempre a España como un país o una nación y a Asturias como una región. El sentimiento de ser español y asturiano a la vez y en la misma medida ha sido común a casi todos los asturianos, que lo han vivido sin el mínimo conflicto. Pero esta doble identidad se ha manifestado con acentos diferentes en las tres últimas décadas.
En la fase inmediatamente posterior a la transición a la democracia Asturias pudo exhibir un regionalismo histórico, cultural, incluso económico, muy arraigado en la población, desprovisto, sin embargo, de una dimensión política. La formación de la comunidad autónoma tuvo lugar en un clima social en el que unas expectativas más bien bajas se mezclaron con la perplejidad y cierta apatía. Los asturianos tenían una comprensión muy vaga de las implicaciones del Estado autonómico para la región y sus opiniones al respecto eran escépticas y distantes. Los reducidos círculos asturianistas, que los había, no consiguieron después de la efervescencia política de la transición dotar a la sociedad asturiana de una conciencia política regionalista ni movilizarla para fortalecer las instituciones autonómicas. El empeño más consistente y plausible lo llevó a cabo Pedro de Silva desde el Gobierno, pero su intento acabó por hundirse, aislado y frustrado. Los partidos asturianistas ni siquiera tuvieron representación en las dos primeras legislaturas del Parlamento regional y los de ámbito estatal pusieron escaso interés en aprovechar la autonomía para estimular la capacidad de iniciativa de la sociedad asturiana.
Las tensiones generadas por los ajustes aplicados a la estructura económica de la región suscitaron un cambio de actitud al comienzo de los años noventa. Se sucedieron las protestas por el cierre de empresas y la pérdida de empleos y la crítica a los gobiernos nacional y autonómico subió de tono. Se extendió la idea de que a Asturias le faltaba voz e influencia en el concierto estatal y la demanda de autogobierno creció. El 25% de la población asturiana declaraba sentirse más asturiano que español y un 32% reclamaba más autonomía para Asturias. En una escala de 1 a 10 el regionalismo asturiano ascendió hasta el punto 6.39, el registro más elevado hasta la fecha. Se abría paso la opinión de que el Gobierno asturiano, en sus relaciones con el Gobierno de la nación, debía ser colaborador, pero exigente. El Partido Asturianista ocupó un escaño en la Junta General entre 1991 y 1999. La crisis política de 1998, aún sin explicar de forma convincente y que afectó al crédito de toda la clase política, sumió a Asturias en una profunda depresión. Tras prolongar una situación esperpéntica que aún pesa en la memoria hasta donde fue posible, Sergio Marqués impulsó un nuevo partido, URAS, al que puso la etiqueta asturianista para diferenciarse del PP, y consiguió tres escaños.
La ola de asturianismo político que se formó en los noventa, cierto es que algo dispersa, sin un liderazgo que le confiriera una personalidad propia, parece estar retirándose en la última década. Al menos, así lo refleja la encuesta poselectoral del CIS cuyo avance acaba de darse a conocer y que, en este capítulo, viene a confirmar los datos proporcionados por el II Barómetro Autonómico, realizado en los primeros meses de 2010. El sentimiento de ser asturiano se impone ahora al de ser español en un porcentaje muy reducido, el 11% del total de los encuestados, y domina en un escueto 8% de los votantes de cada uno de los cuatro partidos con escaños en la Junta General. Una mayoría del 47% está de acuerdo con la organización del Estado autonómico actual. Sólo un 7% es partidario de adquirir mayor autonomía política. Por contra, un 17% se muestra partidario de limitar la autonomía y, llevando las cosas más lejos, otro 9% es partidario de volver a un Estado centralista. Las actitudes favorables a una eventual devolución de poderes al Estado están más difundidas entre los votantes del PP. El porcentaje más alto de defensores de un Gobierno central único, sin autonomías, un 17%, se pierde entre los votantes de Foro Asturias, que son los que en mayor número también se pronuncian sobre la cuestión. Ya no es Asturias la región donde el porcentaje de encuestados a favor de contraer la autonomía política destaca por encima de las demás, como en 2010, pero un amplio sector de la opinión pública asturiana, minoritario en todo caso, se inclina por hacer una revisión del Estado autonómico.
La ampliación de competencias asumida en varias reformas del Estatuto y las perspectivas de evolución de las diferentes autonomías en la última década pueden ser las causas del giro dado por una parte importante de la sociedad asturiana. El desinterés por la reforma del Estatuto, varada en el olvido, da una idea de la debilidad en la que se encuentra nuestra conciencia política asturianista, después de los inquietos años noventa. Llegados a este punto es conveniente preguntarse, para no confundirnos, y por dejar aquí la cuestión, qué regionalismo es el que ofrece Foro Asturias defender desde Madrid. Luego ya se verá, si ese es su propósito, si consigue liderar la difusión de la conciencia asturianista a todos los ámbitos de la sociedad asturiana.
http://www.lne.es/asturias/2011/09/29/reflujo-asturianismo-politico/1135481.html
La apuesta nacional de Foro Asturias Precisa ampliar la base social procedente del PP, cuestión ante la que se muestra optimista, aunque solo sea por el dato objetivo de que de sus 11.000 militantes, 9.000 nunca habían pertenecido a ningún partido político
23.09.11 – 02:39 –
RICARDO GAYOL GARCÍA | ABOGADO
Tras la victoria electoral de Foro Asturias en las autonómicas del 22-M y su entrada en el Gobierno de Principado mediante un Ejecutivo monocolor, las huestes de Álvarez-Cascos están crecidas, y con razón, pues la respuesta de la ciudadanía asturiana ha sido más que positiva. Ahora no es extraño, conociendo la madera de líder del presidente del Principado, que la nueva formación busque metas todavía más complicadas, como lo son la de obtener grupo parlamentario propio en las próximas elecciones generales, triunfando en la circunscripción de Asturias y concurriendo también por Madrid para sumar votos y, a lo mejor, un diputado más a su opción y para dar mayor peso específico a su apuesta política a escala nacional. De todas estas cuestiones he podido dialogar en algunas oportunidades con Isidro Martínez Oblanca, senador de Foro Asturias por el cupo autonómico y jefe de campaña electoral de la formación, de cuya amabilidad y transparencia quiero dejar constancia públicamente. En efecto, la defensa de los intereses de Asturias en el contexto general de España se vería muy reforzada con una representación parlamentaria significativa que o bien tenga presencia fuerte en el grupo mixto, o no digamos si consigue grupo parlamentario propio en el Congreso de los Diputados, añadiendo la aportación de tres senadores a un grupo abierto que facilite el papel de las representaciones autóctonas.
Esta incursión a nivel del Estado obedece a dos objetivos relevantes: que la voz de Asturias se escuche con acento genuino y su posición pese lo bastante para que se la atienda no solo por sus razones, sino también por el valor de sus votos, y que la propuesta política de Foro Asturias defienda un desarrollo armónico del Estado de las autonomías que guarde un equilibrio y equidad respecto a sus componentes totalmente coherente. (Que respete la pluralidad sin consagrar la desigualdad, intuyo y añado yo).
La preparación del proceso electoral comporta algunas dificultades evidentes, si tenemos en cuenta algunos requisitos planteados por los nuevos preceptos de la Ley Electoral. Aunque contar con los mil avales que precisan para presentarse en Asturias no parece un obstáculo, al estar afiliados a Foro unos 11.000 asturianos, en cambio, alcanzar los 5.000 que se exigen en Madrid supone un esfuerzo muy considerable, a pesar de que unos 42.100 asturianos están censados en la Comunidad de Madrid y unos 300.000 votantes de la misma tienen vínculos personales importantes con la región. Además, la línea política regionalista y equitativa de Foro dentro del Estado puede atraer a otros ciudadanos sensibles a ese planteamiento.
Personalmente, creo acertada esta premisa, si bien al expresarla entiendo que deben evitarse formulaciones frontales con los nacionalismos históricos, buscando más avanzar hacia ese modelo de Estado equilibrado desde la cooperación y el reconocimiento de la diversidad, antes que desde la confrontación y el rechazo. Quiero recordar aquí el buen talante mostrado por Cascos en su etapa de vicepresidente primero del Gobierno de España, que resultó tan fructífero para la relación con los nacionalismos moderados. Hablar de «disgregadores» puede ser un lema para diferenciarse, pero quizá sea desacertado para entenderse después.
La presencia preelectoral de Foro está siendo, por exigencia del guión, bastante intensa. No en vano, estamos ante una formación nueva, cuyo trayecto comenzó en enero del presente año y que apenas dispuso de medios propios del grupo para hacer su campaña. Aunque este activismo haya sido criticado por otras fuerzas políticas, ellos se defienden indicando que, tras una comparecencia electoral sin fondos, ahora que su éxito les ha dado algunos medios, es justo que los utilicen para consolidarse.
Aún es pronto para conocer el perfil de las listas electorales. Es probable que la candidatura al Congreso ofrezca una variedad significativa entre veteranía y novedad para cubrir distintas preferencias de los votantes. Todavía más, la candidatura al Senado por su sistema mayoritario tendrá que hacer guiños claros a sectores que difícilmente podrán verse representados en esa Cámara, como los asturianistas en un sentido muy amplio y la izquierda social que estime que Foro es una opción más abierta y autóctona que la que representa el bipartidismo PP-PSOE reinante. En la elaboración programática se priorizarán fundamentalmente todas aquellas cuestiones que afectan a la situación social, económica y geopolítica de Asturias, no pretendiendo abarcar materias de índole muy general que diluyan la centralidad regionalista del proyecto. Se espera poder colaborar razonablemente con el Gobierno central de turno sin entreguismos ni negativismos, pero siempre bajo el parámetro del respeto y toma en consideración de los intereses de Asturias.
Los dirigentes de Foro saben que deben cuidar el equilibrio ideológico que les permita mantener y acrecentar el electorado plural que consiguieron reunir en los comicios de mayo. Esto implica que precisan ampliar la base social procedente del PP, cuestión ante la que se muestran optimistas, aunque solo sea por el dato objetivo de que de sus 11.000 militantes, 9.000 nunca habían pertenecido a ningún partido político. Esa perspectiva es básica para que Foro pueda ser esa fuerza vertebradora de la poítica asturiana en el próximo futuro.
El asalto a Madrid encierra muchas incógnitas para un grupo nuevo y sin estructura en la capital. Más aún, el cierre de la Delegación del Principado ya consumado es de dudosa eficacia en este sentido y, sobre todo, con vistas a una futura presencia activa de la región en elnúcleo duro del Estado. No obstante, hay que agradecer que se haya hecho por convicción y sin mirar el interés partidista de Foro Asturias en esta coyuntura política y electoral. Ahora bien, hay que sustituirla por una acción eficiente, ya que no se ha optado por darle un giro copernicano que en todo caso sí necesitaba su anterior versión.
Mas, lo verdaderamente trascendental es que muchos asturianos radicados en Madrid esperan como agua de mayo la irrupción de Foro en esta comunidad para hacer patria y apoyar a Asturias, dando valor real al eslogan tan certero de: ‘Más Asturias, mejor España’.
http://www.elcomercio.es/v/20110923/opinionarticulos/apuesta-nacional-foro-asturias-20110923.html
Regionalismo NacionalEL OJO DEL TIGRE: Asturias no es una región que se caracterice por sus afanes independentistas, sino por todo lo contario
Regionalismo l
16/10/2011 08:51 / LORENZO CORDERO / OVIEDO
Sospecho que la “doctrina” regionalista del Foro AC ha sido el fruto -lo mismo que su fundación como “partido”- de la enorme capacidad que para la improvisación tiene su fundador, cuya inteligencia política discurre paralela a su tremenda habilidad para la imposición orgánica de su individual voluntad jerárquica. Dispuesto a sospechar, con todos los inconvenientes que tiene el simple hecho de intuir frente a la complejidad de la certeza, podría decir también que es posible que el regionalismo nacional que postula este improvisado grupo minoritario esté inspirado en la vieja doctrina regionalista del clásico Vázquez de Mella, para quien el regionalismo debe ser muy respetuosos con “la soberanía política directora del conjunto nacional”, cuya facultad es -o debe ser- competencia exclusiva del Estado. El enigma ideológico que encierra su eslogan Más Asturias, mejor España es, precisamente, ese; el convencimiento de que “el Estado no debe ter más facultades que las que se derivan de sus relaciones esenciales como soberanía política directora del conjunto nacional”. ( Regionalismo y Monarquía . Vázquez de Mella.).
Asturias no es una región que se caracterice por sus afanes independentitas, sino por todo lo contario. Recordemos: “P.-¿Cuál es la patria de todos los asturianos?. R.-Asturias y por extensión España, que es la continuación histórico geográfica y política del Estado Asturiano, al cual debe el ser”. (“Doctrina Asturianista”. Aprobada por la Junta Regionalista del Principado. 1918). Se convierte en la “filosofía ideológica” del tradicionalismo asturianista a partir de una cto de afirmación regionalista que se celebró en Covadonga, en 1916; cuya inspiración se le debe a Vázquez de Mella, un nombre del viejo “santoral” político españolista, practicamente olvidado actualmente, pero cuya doctrina ideológica sigue sustentando las tesis dertechistas del ´solido pensamiento carpetovetónico… El señor Álvarez-Cascos apeló al regionalismo nacional para dotar a su particular grupo político de una peculiar doctrina básica; sin la cual, su Foro sería simplemente el resto de un “naufragio” político provocado porque quien solo tenía capacidad intelectual para arriesgar, con ciertas garantías de éxito (personal), incluso la estabilidad orgánica del partido que él mismo contribuyó a engendrar. Hablo del PP.
Lo que hizo fue coger el cabo suelto -desde hacía más de treinta años- del recurrente regionalismo asturiano, para atarse a él como medida de seguridad ideológica propia. Y, por extensión, de seguridad para su nuevo grupo político. No fue una originalidad, sino, simplemente, una repetición de lo que, a lo largo de los últimos casi cien años, ha ocurrido en esta región. El uso del regionalismo como un recurso intermitente para ganarse, entre otras cosas, confianza y votos. Desde el citado Vázquez de Mella hasta el actual Foro AC, el regionalismo ideológico -en sus variadas formas políticas- ha sido una constante: la Liga Pro Asturias, de Nicanor de las Alas Pumariño (1918); el proyecto de Estatuto Regional de Asturias, de Sabino Álvarez Gendín 1932); el Regionalismo Económico de Ramón Argüelles (1934)… Estos son solo tres ejemplos de esa casi endémica reaparición temporal de las inquietudes regionalistas en una sociedad que, paradójicamente, es españolista a fuer de asturianista.
El antecedente asturianista más próximo al regionalismo recientemente despertado por Foro AC quizá haya sido el que se empezó a citar aquí en las vísperas imperiales de la mítica Transición. Fue también en este periódico y, casi al mismo tiempo, en Asturias Semanal en donde empezó a sugerirse la necesidad de replantearse un regionalismo de clase. Se decía: “Nos falta espíritu de clase social regional, y nos sobra entusiasmo gremial. Mientras no se plantee la consciencia de la realidad de la sociedad en que se vive, los asturianos continuaremos aceptando compromisos y reforzando las estacas que aislan la parcela que más nos gusta. No habrá en este caso, verdadera transformación -voy a decir revolución- porque estoy de acuerdo con aquel que dijo que aislarse es síntoma de ineficacia”. ( El verdadero desafío regional . Cartas Políticas. Asturias Semanal. – 24 mayo, 1969, Oviedo).
El concepto de regionalismo de clase fue coreado, posteriormente, por algunas voces, siete años más tarde. Pero se fue apagando hasta su total extinción. Esa concepción clasista del regionalismo estaba -o parecía estarlo- muy próxima a los principios marxistas. Por lo tanto, era mucho más seguro y ortodoxo -sobre todo, ortodoxo- ampararse en el regionalismo nacional de Vázquez de Mella.
http://www.lavozdeasturias.es/especiales/Regionalismo-Nacional_0_573542723.html
Las fuentes asturianistas de Cascos
El regionalismo que inspira al Presidente se desarrolla a partir de 1916, impregnado por el tradicionalismo carlista, y declina en 1923
Las fuentes asturianistas de Cascos
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OVIEDO, JOSÉ A. ORDÓÑEZ
El regionalismo asturiano que reivindica Francisco Álvarez-Cascos tiene marcada su fecha fundacional en 1916 y cuenta entre sus promotores a Juan Vázquez de Mella, Álvaro Fernández de Miranda, Nicanor de las Alas Pumariño o Ignacio Herrero. «Regionalismo, catolicismo y cuestión social» fueron, según Bernardo Fernández, consejero de la Presidencia con Pedro de Silva y estudioso del movimiento, los ejes sobre los que pivotó aquel primer regionalismo y con los que obtuvo dos diputados en los comicios de 1916. Marcado desde el inicio por el carlismo de Vázquez de Mella, al que se censuraba su escaso apego real a Asturias, este asturianismo primigenio estuvo anclado en lo que se dio en llamar teoría del regionalismo nacional: pluralidad y unidad. Su vida fue efímera, de escaso éxito y ligada a figuras conservadoras, muchas ellas del ámbito de la nobleza.
Desde finales del siglo XIX, el Principado asistió al desarrollo del asturianismo cultural. Ésa fue la placenta en la que se gestó el regionalismo político posterior, de mucha menor relevancia. Destaca el grupo de estudios «La Quintana», integrado, entre otros, por Braulio Vigón, Fermín Canella, Fuertes Acevedo, Ciriaco Miguel Vigil o Félix Aramburu. En literatura, y después de Teodoro Cuesta y Acebal, surge lo que Antón García denomina la «Xeneración del Folklore», con Marcos del Torniello, Ánxel de la Moría o Pachu´l Peritu. El cambio de siglo no frenó el desarrollo de este impulso cultural ligado a la tierra, con una generación de excelentes pintores que retrataron la vida y las costumbres de la región, con Valle y Piñole como figuras más destacadas. En el campo de la música, Martínez Torner, Nuevo y Miranda, Maya y Rodríguez o Baldomero Fernández realizan por aquel entonces una impagable labor recopilatoria. También ya en el siglo XX, Pin de Pría, Pachín de Melás, Fernán-Coronas, Fabricio o María Balbín conforman una nueva corriente literaria asturiana, que Antón García ya define como «regionalista». En 1920, gracias en muy buena medida al empuje de Fabricio, se crea la Real Academia de Artes y Letras Asturianas, cumpliendo así el sueño jovellanista.
En este ambiente cultural surgirán esos nuevos movimientos políticos de carácter regionalista, que, en algún caso, alcanzarán cierta relevancia en la política asturiana del primer cuarto de siglo XX, pero sin llegar a ser hegemónicos ni transcender en el tiempo. Ya en 1915, el filósofo José Ortega y Gasset resumía sus impresiones sobre Asturias en «tres sospechas», citadas por Bernardo Fernández en el estudio sobre el tema publicado en la «Historia General de Asturias» de Silverio Cañada. A saber: «1ª. No existe en toda España un país donde con mayor pureza en intensidad se den los caracteres de una unidad regional. 2ª. Que falta por completo en Asturias la clara conciencia de eso. 3ª. Que España recibirá incalculables beneficios el día que los asturianos adquieran esa clara conciencia regional y actúen en España no como asturianos, sino como Asturias».
La quiebra del sistema político de la Restauración, la ruptura de los partidos dinásticos que se iban turnando en el poder, la terrible Guerra de África y una profunda crisis económica tejieron el telón de fondo sobre el que se generalizaron en numerosos puntos de España los movimientos regionalistas. En Asturias, entre 1916 y 1923, se produjeron diversos intentos de poner en marcha fuerzas de este tipo. La actividad regionalista en otros puntos del país y, por ejemplo, la pujante actividad de la Lliga Regionalista Catalana en defensa de los intereses económicos de esa comunidad ayudaron a incrementar entre algunos sectores de la población el sentimiento de que Asturias era una región que no solo no tenía una adecuada representación en la política nacional, sino que se la dejaba de lado, pese a su relevancia como principal productora de hulla.
Apunta el sociólogo Pablo San Martín en «Asturianismu Políticu 1790- 1936» que las primeras elecciones a las que concurrió el regionalismo asturiano fueron las de 1916, cuando el movimiento aún estaba por estructurar. El tradicionalista cangués Juan Vázquez de Mella, que hasta entonces había sido diputado por distritos navarros, acudió a Asturias para presentarse a los comicios en alianza con el banquero conservador Ignacio Herrero Collantes, marqués de Aledo y líder de los «herreristas», importante corriente de la derecha política asturiana de la época. La candidatura de Mella, a quien se le acusaba de tener escaso contacto con Asturias, no cayó excesivamente bien en parte del espectro conservador de la región, aunque, finalmente, y con el apoyo de los mauristas, salieron elegidos diputados Mella y Herrero, además del reformista Ramón Álvarez Valdés. Por cierto, durante la campaña, Vázquez de Mella potenció el discurso regionalista por encima del carlista o tradicionalista que le era más propio. «La primera obligación de Asturias es asturianizarse. Pueblo que pierde su originalidad o es pueblo degenerado o reniega de sí mismo al divorciarse de sus antepasados», escribió el cangués al poco de llegar al Principado.
Vázquez de Mella convocó de inmediato una asamblea en Covadonga para articular el programa del regionalismo asturiano, en lo que veía como la culminación de «la unión de las derechas». Al tiempo, se van creando numerosos centros regionalistas, el primero en Ujo (Mieres). Entre dos y seis mil personas, según las fuentes, acudieron al acto de Covadonga. Reseña Pablo San Martín que, junto a los círculos regionalistas, estuvieron presentes en el evento dos agrupaciones tradicionalistas, una jaimista, una maurista, dos católicas y seis sindicales del campo. Allí, el líder carlista defendió el proyecto regionalista para el conjunto del Estado español, consistente en la afirmación de la pluralidad regional y la unidad nacional, incluyendo una importante cuota de autogobierno y hasta un «pase foral» para el Principado. Además, aprovechó para fijar una nueva reunión para Oviedo, en la que ya se creó definitivamente la denominada Junta Regionalista del Principado de Asturias, con Vázquez de Mella como presidente honorífico y Álvaro Fernández de Miranda, vizconde de Campo Grande, como presidente efectivo y principal ideólogo.
La relación de los integrantes de las comisiones de estudios da buena cuenta del origen social de parte de la cúpula de la Junta. En ellas estaban, junto al vizconde de Campo Grande, el marqués de la Vega de Anzo, el magistral de Covadonga y el marqués de Mohías. Y es que, en unas declaraciones al periódico «El Imparcial», recogidas por Bernardo Fernández, explica el propio Mella: «En el movimiento de Asturias entran la aristocracia, los grandes terratenientes, el clero en masa y gran parte de las entidades bancarias que lo mueven todo». Se quería al movimiento como una especie de «partido de partidos» en el que hasta se admitía la doble militancia.
Con el apoyo de los conservadores asturianos, la Junta dispuso de dos diputados provinciales en 1917 -Juan Nespral y Ramón Prieto- así como de once ediles en el Ayuntamiento de Gijón y algunos en otros concejos asturianos, como Siero y Laviana. Para los comicios de 1918, varios candidatos tradicionalmente conservadores se presentaron ante el electorado como regionalistas: es el caso de los condes de Revillagigedo o de Mieres, de Santiago Pidal en Villaviciosa o del propio Herrero.
En este marco general, es en 1918 y 1919 cuando se producen las peticiones de autonomía para Asturias, que tampoco lograron tener éxito. En diciembre de 1918, la Diputación aprobó unas bases para la autonomía del Principado, con unos criterios exclusivamente descentralizadores. Mucho después, ya proclamada la II República, se designó una ponencia encargada de presentar un proyecto de estatuto de autonomía, de cuyos resultados nunca se supo. Sabino Álvarez Gendín, también citado por Cascos en su discurso de investidura, publicó en un apéndice del libro de 1932 sobre el regionalismo asturiano unas bases para este estatuto.
Redactado por Ceferino Alonso Fernández, «El cenobita», José González y el vizconde de Campo Grande, el folleto «Doctrina Asturianista, aprobada por la Junta regionalista del Principado» supondrá el gran ideario de la junta fundada por Vázquez de Mella. La obra vio la luz en 1918 y está articulada en preguntas y respuestas, como si fuera un catecismo. Entre sus epígrafes destaca el titulado «Agravios inferidos a Asturias». Como advierte Bernardo Fernández, el radicalismo es sólo verbal y postula un poder regional asturiano, institucionalizado en unas cortes asturianas o Junta, dotadas de poder legislativo y «pase foral», elegidas por referéndum de los ayuntamientos, en los que existirá la representación por clases sociales y la corporativa, además de la personal. La Junta designaría una diputación ejecutiva, mientras que la Hacienda se articularía con la central mediante conciertos económicos. La Administración regional debería de estar descentralizada en comarcas y en municipios autónomos y autárquicos. Además, Asturias tendría sus propios tribunales de Justicia y la Universidad sería regional. El movimiento declinó a partir de 1918, en favor del reformismo y, ya en 1923, apenas tenía presencia pública.
La Liga ProAsturias fue el otro gran movimiento regionalista en el Principado, más práctico pero no más exitoso. Su impulsor fue Nicanor de las Alas Pumariño, quien no aspiraba a conformar partido, sino una especie de grupo de presión. «Para una eficaz acción en favor de Asturias es menester que sus representantes en Cortes se constituyan en unidad inquebrantable en defensa de cuanto sea de interés regional», escribió Pumariño para lograr dotaciones de puertos, ferrocarriles o industria militar. La Liga nunca llegó a constituirse.
Nuevo «catecismo» asturianista
Cascos invocó en su discurso los argumentos de la derecha descontenta con el centralismo «a la madrileña» de 1918 – «Lo que importa es analizar qué viabilidad tiene eso hoy», afirma Bernardo Fernández, estudioso del fenómeno
OVIEDO, MARCOS PALICIO
«Asturias siente hondamente el regionalismo y el progreso de la idea es grande». La cita, pronunciada anteayer en el discurso de investidura de Francisco Álvarez-Cascos, se escribió para definir la España de 1918. Está sacada de la «Doctrina asturianista», un opúsculo estructurado en preguntas y respuestas que se llamó a sí mismo «catecismo», que adaptaba al Principado otros idearios similares elaborados en Cataluña y el País Vasco y quería resumir la reacción de una coalición de partidos de derechas contra el centralismo «a la madrileña» de los políticos de la España de la Restauración. La obra, escrita a tres manos por Álvaro Fernández de Miranda, Ceferino Alonso, «El cenobita», y José González, entronca con la doctrina carlista y es ejemplo representativo del movimiento «minoritario», «efímero» y «fracasado» que fue el regionalismo asturiano a juicio de varios estudiosos del concepto. La «Doctrina asturianista» ya decía que el Gobierno de la nación gestionaba España «del modo más desastroso para la región» y ya defendía el «derecho indiscutible de Asturias a constituirse y organizarse según sus necesidades y carácter».
Entre el auditorio de la Junta General, en la toma de posesión del nuevo presidente del Principado, Bernardo Fernández escuchaba «como un entomólogo». Presidente del Consejo Consultivo, ex vicepresidente del Gobierno autonómico y autor de varios estudios en profundidad sobre ese «hecho regionalista» asturiano que anteayer reivindicó Álvarez-Cascos, Fernández interpreta que el nuevo jefe del Ejecutivo autonómico recurre al pasado como «una licencia ideológica» y pretende decir que su opción asturianista «no es una extravagancia o una ocurrencia de hoy», que él «no es un aparecido» ni su argumentario una improvisación, que lo que intenta articular no le es extraño a la historia de Asturias y que puede apuntalar el discurso con antecedentes históricos. Y en efecto puede, confirma el ex vicepresidente, «aunque sea con antecedentes fracasados», con antepasados «escasos y poco relevantes». Para él, está por ver lo que será el nuevo movimiento regionalista que pretende estructurar Cascos, pero el del pasado fue «minoritario y efímero», nació y creció poco y fracasó «en un contexto muy concreto, inseparable del ambiente nacional en el que resurgían todos los nacionalismos y regionalismos».
Con todo, concreta el ex vicepresidente regional, lo relevante del discurso y de su «ropaje» de teoría regionalista no es su fidelidad con el pasado ni mucho menos su rescate histórico, afirma, sino su encaje en la realidad actual. «Lo que él hace es levantar una bandera», afirma Bernardo Fernández. «Lo que debe hacer es analizar qué significa esto hoy, qué viabilidad tiene en el siglo XXI y yo sobre eso no opino, lo contemplo con enorme interés». Lo interesante «es cómo va a articular ese regionalismo asturiano».
La historia podría ayudar si no fuera porque el advenimiento y caída de aquel regionalismo fugaz estuvieron, persevera Fernández, muy condicionados por el momento histórico de su origen. Y decayó, explica, «porque el regionalismo asturiano estuvo siempre muy vinculado a la concepción de Asturias como parte integrante y constitutiva de España, porque no se concibe desvinculado del resto del país, y Cascos el sábado volvió a decirlo de nuevo, y también porque la crisis económica posterior a la I Guerra Mundial, con su repercusión en la industria hullera, devolvió a la realidad aquellos sueños. El regionalismo político se convirtió en económico. El ofensivo quedó en defensivo y las organizaciones políticas que lo defendían se convirtieron en grupos de presión, de interés. Tras la mayor manifestación que hubo en 1922 y que fue para defender la industria hullera, el titular del diario “Noroeste” era “Asturias, región”».
http://www.lne.es/asturias/2011/07/18/nuevo-catecismo-asturianista/1104127.html